Publicado el 6/8/2026
Códigos QR para ONG: donaciones, campañas y la parte que nadie explica
El efectivo desaparece de los bolsillos, y una hucha sirve hoy sobre todo para recordar a la gente que no lleva. Eso es justo lo que resuelve un QR: pone tu página de donación en la mano de alguien que ya está delante de tu causa.
Y ahora lo que casi ninguna guía dice. El código no cobra. Lleva un enlace. Aquí no se procesa ninguna donación, no se retiene dinero ni se emiten recibos — eso es cosa de tu plataforma de donaciones, tu proveedor de pagos y tu banco. Nosotros hacemos el enlace escaneable, modificable y contable. Todo lo que decide si la donación se completa ocurre después del escaneo.
Dónde va el código
- Huchas y urnas. Legible a un brazo de distancia sobre una mesa — unos 3 cm, y plastificado, porque una hucha se manosea.
- Escaparate y mostrador de la tienda solidaria. Un código en el escaparate funciona con la puerta cerrada.
- Lonas, fondos de escenario, tarjetas de mesa. Una lona se escanea a tres metros — unos 30 cm.
- Cartas de captación. El código salva al donante mayor del paso donde abandona: teclear la dirección.
- Memorias anuales. Un código a las cuentas completas y otro a la página de donación.
- Captación de voluntariado. Un código distinto al formulario, para no mezclar cifras.
- Donación periódica y legados. Un código a la página de domiciliación en el folleto que repartes en una charla.
El argumento del código dinámico
Las campañas terminan. Un código estático impreso con la URL de campaña muere el día que cae esa página — y la hucha, la lona y el folleto le sobreviven años. Si cambia el proveedor de pagos, rediriges un código en vez de reimprimirlo todo.
Qué dicen los números y qué no
Se registra: hora, código, tipo de dispositivo, sistema y navegador, referente si lo hay, y un hash con sal de la IP. Ninguna ubicación y ninguna identidad: un escaneo no se ata a un donante.
- Los escaneos miden atención: qué hucha, qué lona, qué envío.
- Tu plataforma mide conversión: cuántos donaron y cuánto.
Un código por emplazamiento, cada uno a una URL distinta, y «la hucha de la parroquia: 40 escaneos y 6 donaciones; la del supermercado: 300 y 4» pasa a ser un dato.
Detalles que cuestan dinero si se olvidan
- Imprime también la dirección. Quien no escanea, teclea.
- Di qué hace el código. «Escanea para donar» gana a un cuadrado desnudo.
- Aterriza en la página de donación, no en la portada.
- Prueba el destino en un móvil. Un formulario que hay que ampliar es donde se detiene el dinero.
- Sugiere importes. Decisión de página, y la que más mueve el donativo medio.
- Cuidado con el plastificado brillante. Bajo focos devuelve la luz a la cámara; el mate escanea.
La cuestión de la confianza
- Imprime tu dominio debajo. Quien puede leer el destino antes de escanear no necesita fiarse del cuadrado.
- Revisa tus emplazamientos en persona. Una pegatina encima se ve.
¿Una ONG pequeña necesita pagar?
Normalmente no: cinco códigos dinámicos que no caducan y 1.000 escaneos al mes bastan para hucha, lona, folleto y formulario de voluntariado. El plan de pago se justifica en una campaña real: decenas de emplazamientos, más de mil escaneos, histórico más allá de 7 días y un código que caduca en una fecha.
Respuestas rápidas
- ¿Un QR cobra la donación? No; abre tu página de donación.
- ¿Qué tamaño en una hucha? Unos 3 cm; en lona, 30 cm.
- ¿Puedo reutilizar la lona? Con código dinámico, sí.
- ¿Vemos quién donó? Por el escaneo no: ni identidad ni ubicación.
- ¿Basta el plan gratuito? Para una entidad pequeña, normalmente sí.
- ¿Cómo saben que el código es nuestro? Dirección impresa debajo y revisión de emplazamientos.